miércoles, noviembre 4

Carta Suicida

Antes de morir, (o matar, lo que suceda primero), Debo aclarar...


No es que exista razón para irse...

Es el hecho de que

No existe alguna para quedarse.




P.s. Disculpen el batidero, me gustaría poder limpiar,
pero creo que no tendré cabeza para eso
(simplemente no tendré cabeza)

martes, octubre 27

Anónimos y Kleenex

Antes de que Mateo le sucediera a Anna, mucho antes de Carlos, de Orlando, de Patricio, antes de la lista larga de fracasos al hilo, estaba Oscar. Para mi, su nombre sonaba a cinco letras cualquiera, para Mi Muñeca Fea su sola mención provocaba que la nuca se erizara, siempre seria vulnerable ante él y su presencia, lo supo desde que tenia doce años.

A menudo necesitamos de algo externo para rediseñarnos, el año nuevo, una fractura, o aquella persona que se va, cualquier cosa que justifique nuestra nueva "actitud", y Oscar fue el pretexto que escogió Anna para tirar sus muñecas cuando entro a la secundaria.

El día que asistió por primera vez a su nueva escuela, Anna se despertó, y el sueño fue el culpable de que olvidara que ese era el día que tanta angustia le había causado durante las vacaciones, se levanto aun dormida directo al espejo, con los ojos cerrados, esperando el milagro, esperando que su cuerpo fuera conciente que ese día entraba a la secundaria, y por generación espontánea su cuerpo comenzara a cambiar en formas mas redondas. Busco de frente, de perfil, con los ojos un poquito cerrados, y nada, su cuerpo seguía aferrandose a una niñez que hacia semanas se había esfumado, se negaba a entrar a la pubertad.

Frustrada, decidió que se preocuparía después, bajó sin mucho animo mientras el resto de su familia luchaba en el caos habitual del desayuno, nadie noto la tristeza de mi muñeca fea, ni siquiera cuando silenciosamente subió al automóvil con su sostén lleno de kleenex, durante el viaje mientras el locutor en la radio realizaba alguna broma telefónica barata, las manos de mi Muñeca Fea sudaban de manera escandalosa y por un instante pensó en sacar un pañuelo de su pecho, pero luego, después de pensar un buen rato, prefirió tener un cuerpo falso de papel por el precio de la humedad de sus dedos. Luego de la habitual bendición de su mamá, Anna se paro de frente a su nueva escuela, el color verdoso de está hizo que por un momento se mareara, y le llegara de manera febril toda la suma de temores de el verano, se hizo conciente que no quería madurar, que aun no estaba lista del todo.

Y ahí estaba él, Óscar, con ese garbo de cualquiera que tiene 15 años, con la arrogancia que le daba el saberse el único rubio de una escuela publica, el protagonista de aquella leyenda escolar donde el director salio mojado con un "globo" de agua, que en realidad era un preservativo, Oscar Soria, caminando justo cuando Anna buscaba una "señal divina" para entrar a la escuela, y ahí, faltando doce minutos para las ocho, Anna sintió por primera vez que se ruborizaba, cogio la mochila y entro al lugar que estadísticamente tiene el mayor porcentaje de amores anónimos, la secundaria.

Anna sabia que a sus doce años la barrera de los de tercer grado era inalcanzable para cualquier niña de nuevo ingreso, que había que hacer algo mas que kleenex en el vestido, necesitaría una identidad, algo que fuera atractivo para Óscar Soria, pasó la clase de algebra pensando un plan magistral, y fue ahí donde frustro su futuro como ingeniero, las matemáticas siempre le recordarían el fracaso de su primer día de clases, observando por la ventana, pasaron las horas, parecía increíble que su nueva escuela fuera tan ordinaria, tan distinta a sus expectativas, el silencio de las canchas era interrumpido por una que otra ave, y el timbre del receso sonó de improviso, despertando a un que otro alumno que no se acostumbraba a que las vacaciones habían terminado.

Anna fue la primera en salir hacia el patio, se encontraba en primera fila para lo que estaba por ocurrir, a varios salones del suyo, un profesor estereotípico intentaba callar la algarabía causada por Oscar Soria, gritaba para luchar contra el griterío, como recurso para encontrar el silencio, pero era inútil, entre los treinta pubertos que desgarraban su garganta, Anna lograba escuchar una risa calida, que solo es expresada cuando nuestros planes salen a la perfección. Oscar reía, reía ante el caos que el gas lacrimógeno había causado en sus compañeros, reía ante su ultima trastada, antes de ser expulsado definitivamente de la secundaria, y llevado lejos del futuro ideal que Anna había diseñado para ellos dos durante su la clase de algebra, en un mundo feliz sin kleenex en el sostén.

Lo sé, nadie merece que le rompan el corazón a los doce años, justo el primer día de la escuela, o que ese día sea triste, ni siquiera que te hayas enamorado sin tener la oportunidad de cruzar una palabras, siquiera una miradas, no, Anna no merecía correr al baño y sacar pañuelos desechables de su pecho para limpiarse las lagrimas, pero la vida no se trata necesariamente de lo que merecemos.

Sí, desde que tenia doce años Mi Muñeca Fea era un imán para la mala suerte, desde entonces, y como constante en su vida, aquellos hombre en el que se fijaría terminarían siendo imposibles, o en el peor de los casos huyendo de su vida sin ninguna explicación. Eso, le costaría entenderlo cuatro o cinco "hombres de su vida" más, pero a lo que siempre estaría negada, es a la dolorosa certeza, de que cada vez que amara, seria desgarrador, inclusive mas que la anterior.

lunes, octubre 19

Que bien se ve (soundtrack)

No encuentro la razón exacta, pero se que tú mereces una historia...

Hay algo que te hace magnética, que me impide dejar de mirarte, de suponer cómo serás y crear historias que me expliquen de ti, qué es lo que te hace reír, o por qué hueles a elegancia, a melancolía, esa manera tuya que te hace no pasar desapercibida, me tiene cautivo, voluntariamente...

Estoy seguro que alguien quedara preso a tu sonrisa y te escribirá, te dibujara con letras, y espero que sean exactas, por qué (aunque parezca capricho mío) tu no mereces un cuento ordinario. Tal vez él desee ponerle un nombre al lunar de tu barbilla y le llame Lilith (o simplemente corcholata), tal vez te conquiste platicándote de tu cabello y creé una historia interesante de por qué es negro como el universo, o simplemente te reclame por usar esos lentes y le niegues tus ojos, al final, lo importante es que él si tendrá las agallas de hacerlo...

Creo que razones me sobrarían para hacer contigo una historia, la valentía, eso si no ha sabido de donde sacarla.

miércoles, octubre 14

En esa esquina


Hace un año, nos toco despedirnos, tú, habías empacado sin avisar, y te ibas indefinidamente de mi vida, era tu bienestar contra mi dolor, y ninguno de los dos dudamos en elegir lo primero, ahí, me quede parado, en esa esquina, esperando, por que algo me decía que regresarías amigo.

Es en esta misma esquina, volvimos a coincidir, mi ego llego a decirme que yo era una importante razón por la cual regresabas, pero no, a mi ego se le había olvidado aquel que siempre fue la razón de todo, aquel que nos unió y nos regalo nuestra amistad, cuando volviste algunos argumentaban que fue por cobardía o costumbre, otros vieron nobleza en tu acto, yo creo más en aquella teoría que invente, en donde Dios, nos obsequio el capricho de volver a dividir el campo de batalla una ultima vez, compartiendo nuestros sueños, en el único sitio que conozco en donde siempre estas en el lugar y el tiempo correcto, donde la plenitud es alcanzable.

Lo siento, ahora fue mi turno, y sin avisar ( hasta pareciera que improvise en el acto) tuve que partir, tomar lo que quedaba de una larga aventura, e irme, por la razones que solo tú te has tomado el tiempo de escuchar, y tú, como fiel amigo, corriste tras el auto, levantaste la mano y me dijiste adiós, sin cuestionar por que me iba, sabias que si me lo pedías, por ti y nuestra amistad no me iría, pero esa nobleza tuya que siempre me permite cometer errores es gigantesca, tan enorme que te hizo quedarte, en esa misma esquina en la que aun me esperas y por la cual soy capaz de todo, fui capaz de todo.

En esa misma esquina que nos conocimos e hicimos promesas de eternidad; ahí, donde nada falta, ahí me esperas, mientras yo camino por la calle de la terquedad, esperando, vagamente, que esta calle no sea paralela a donde tú te encuentras.

P.s. Esta carta se retraso unas semanas,
pero ayer, mientras dormías,
entendí que en nuestra amistad,
no existen palabras tardías.

viernes, octubre 2

Día soleado (titulo totalmente personal)

Esta vez, yo quería quererla querer, y ella no...

No, jamás me conociste, ni siquiera lo intentaste, si fuera así, esta historia seria diferente.

No, ya no, lo siento, a veces el tiempo se agota, y hay que saber perder, recoger la ropa y caminar con la incertidumbre de no saber que habrá detrás de esa puerta, pero a sabiendas de que de este lado, no hay nada que rescatar.

Tu pierdes más, yo me llevo todas tus sonrisas y el cansancio de haberlo intentado, de saber agotados los recursos, y no es que yo sea alguien extraordinario, en realidad te encontraras cosas mejor cuando me vaya, pero mi arrojo es por la seguridad de que si arriesgabas un poco mas, sabrías todo lo que te podía querer, todo lo que te me antojabas.

Estas malditas ganas de dormir a tu lado, y otras tantas de verte al despertar, estas malditas ganas de todo lo que sucediera entre esos dos verbos.

Tanto por romper, por arriesgar, por disfrutar, pero, ¿que se le va a hacer?, si no logre vencer el mounstro debajo de la cama, menos podría con esa fobia tuya de enamorarte. Por supuesto que sé que te importaba, esos mensajes llenos de sentimientos encontrados no se le mandan a aquel que nos es indiferente, te importaba, lo supe cuando pedías disculpas sin razón, cuando no soportabas sin saber de mi, te importaba tanto, que te dio miedo el descuidarte, olvidarte de ti, y ahí, ahí justamente valimos madre.

¿Que si merecíamos una oportunidad?, eso es lo que nunca entendí de ti, el cielo te lo grito y yo lo susurre a tu oído, te lo tatué en el cuello, y ahí se te acabaron las excusas, nos pertenecíamos y lo sabias, pero te fue mas fácil huir, conciente de tu culpabilidad, te me escondiste entre la rutina, sabiendo que ese es terreno prohibido para mi (inclusive más prohibido que tu misma)

Gracias, por que al decirte adiós, me despido también de esa manía por encontrarte en todos lados, me regalo el disfrutar de esos detalles sin tener que hacer referencia hacia ti, de olvidar tu nombre en mi vocabulario, de tener otro placer mas allá que tu felicidad. Gracias.

No, no te enamoraste, no te regalaste la oportunidad de tratar, apenas una ilusión, un momento, una pensamiento a futuro, eso te basto, pero a mi no.

Yo, por más muñeca y princesa que seas, contigo no juego.

sábado, septiembre 19

Entre tu y yo

-Por qué las mejores palabras de amor,
están entre dos gentes que no se dicen nada-

Jaime Sabines, Espero Curarme de Tí

Entre tu y yo, todo esta dicho, un "Te Amo" sobraría, cuando conocemos que tenemos la eternidad por delante para amar, no tiene caso pronunciar lo indispensable que eres en mi vida, ni la necesidad que tengo de ti, sobra, es redundante, "pleonasmico".

Entre tu y yo, pueden haber muchos cuerpos de por medio, novias y novios oficiales, se puede poner de por medio lo que sea, amores prohibidos, o romances secretos, pero siempre estarán nuestra sombra, recordando lo feliz que somos los instantes que nos regalamos.

Entre tu y yo, si pronunciamos veinte palabras, en veinticinco discutimos, pero en treinta nos amamos, las caricias las hemos cambiado por sonrisas, y la necesidad de un beso, bastan con tus ojitos brillando.

Entre tu y yo, las razones por las que te amaba, se han terminado, y hoy tengo otras tantas mejores, maduras y excelentes para lo que hoy tenemos, y aunque se que algún día no serán suficientes, habremos creado otras razones, excusas justas para no soltarte de la mano nunca.

Entre tú y yo, es cierto, no hemos aprendido a estar juntos, pero no sabemos vivir lejos del otro.

Entre tú y yo, todo seria perfecto, si fuéramos más honestos y menos temerosos.


P.s. Este año mi obsequio fue dejarte ganar, cuando lo necesitaras, hacer eso que me enamora de tí,
creer en mi cuando nadie mas lo haga, el año pasado te regale este blog,
solo que olvide intencionalmente entregártelo,
Feliz Aniversario.

martes, septiembre 15

Feliz Año

Un año no es nada, pero es necesario pasar por él para poder cumplir cien; en un año, se puede ver 365 veces la serie 24, despertar otras tantas a tu lado (o sin ti), se puede hacer caso a Sabines y reunir 52 veces todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra, y se les puede prender fuego.

O se puede hacer un intento de blog como este.

Lo bueno de comenzar proyectos sin expectativa alguna, es que jamás sales desilusionado, y así sucedió aquí, con el buen sabor de dedos que me deja el escribir, con las inconsistencias de mi personalidad, que puede durar meses sin pasar por aquí y otras en las que lo cuida como un recién nacido. Sin nada que aparentar, con la tranquilidad que le da a cualquiera tener un Alther ego (no entiendo de qué se quejan Peter y Clark).


Al principio necesitaba de emociones para escribir, placebos, musas, algo por qué derramar letras, no me era fácil sentarme frente al teclado sin nada que me provocara, aunque casi nunca escribí lo que me sucedió, utilizaba el sentimiento como combustible para crear escenarios imaginarios, pocos escritos relatan alguna vivencia personal, solo aquellos en los que sabía que era preciso escribir antes de matar, aunque al final resultara más hiriente.

Pero casi todo es ajeno a mí, ideas que las voces de mi cabeza creían reales (Sí, ellas si lo son) otras ideas son el resultado de desamores que me toco oír, que me toco sanar.

Y en este presente en el que vivo, cuando los personajes cotidianos se van, cuando existen motivos para dejar de rezar, para dormir con la luz prendida y encerrarme en mí, cuando todos caminan y nadie se detiene a preguntar por qué hay sangre alrededor, hoy, seguiré escribiendo, solo por el aroma que se me queda en los dedos.

P.s. Hay mucho de mí contigo, cuídalo, cuídame pequeño blog. (Prometo atenderte más y dejarte musiquita para cuando te deje solo)

domingo, septiembre 13

Siempre lo he sabido

Siempre lo he sabido, desde el instante que te vi recargada en esa columna naranja, coqueteando, con esa necesidad que tienes por hacerlo, poniendo tu mano en su hombro mientras reías de algo que tengo la certeza que no era gracioso, ahí, cuando te oí hacer alarde de lo bello de tus ojos (Si, lo son, pero no tienes por que gritarlo) desde ese momento, lo supe.

Todas las risas compartidas, los intentos fallidos por tratar de estudiar, te convertían en una grata compañía, pero solo eso, no existía mayor interés en nuestras vidas, me eras ajena, tu y los personajes de tu vida, eran tan desconocidos para mi, que cada día eras mas interesante, pensaba, y repensaba en que habría detrás de esas sonrisas que explotaban con un eco de dolor, ¿quien había sido capaz de dañarte?, a ti, llena de cualidades, y de miedos, ¿Quien?.

Era un día nublado, no es que lo recuerde, pero todos los días importantes de mi vida son así, con nubes como barrera para que nadie sea testigo de que me sucede, y ahí, junto a la columna naranja, está esa banca, donde un día, tu eterno apetito nos hizo sentarnos, mientras algo comías, te vi a los ojos, y supe que ese era el instante donde conocería tus secretos, donde al fin le pondría nombre a aquel que se fue.

Cinco letras, solo cinco letras tenía ese nombre, lo recuerdo, por que tu historia sonaba tan parecida a la mía, por que a nosotros, que no se nos da eso de la disciplina y la constancia, tenemos la ganas de la eternidad en nuestras historias.

Entonces, te vi llorar por primera vez, confirme lo que siempre intuí, detrás de ese maquillaje habían lagrimas injustas, debajo de tu labial, besos que no diste, cosas que omitiste decir cuando él aun estaba, cuando para él significaba lo mismo que para ti.

Guardamos nuestros secretos tan fielmente, que nos basta una mirada para saber que nos duele, tan fielmente, que son impronunciables, por que nos duelen, por que esos nombres de cinco o siete letras crean celos en el otro, ganas de matar, por lastimar a quien queremos, con quien compartimos nuestra banca.

Ahí, junto a la columna naranja, conocí tu historia, y aquí, aquí a veces la escribo, sin ninguna pretensión, a veces te hago la protagonista de mis cuentos, y te describo, como el ser fantástico que eres.

Sí, siempre lo he sabido, que entre tu y yo, la palabra amistad nos limita

domingo, septiembre 6

No estamos listos para amar

No estamos listos para amar.

Nadie lo está, y por esa razón todas las historias se desbaratan, se auto-destruyen ante nimiedades, ante cosas que los cuentos de hadas crearon predisposición en nosotros, y no son así, todo por nuestra disposición a aprender por imitación, las cosas sagradas no se aprenden en cabeza ajena.

Nos han hecho idealizar el amor, soñarlo, pensarlo y repensarlo, pero no nos enseñan a disculparlo, nadie ha mencionado que amar, tiene consecuencias, y una de esas es que a veces duele.

El amor es perfecto, pero su ejecución, es humana, tan imperfecta como la Fe.

Y no se trata de algo justo, se trata de algo valido, cuando andan por el mundo diciendo "ya no te quiero", cuando renunciamos a algo que nos supera por temor, o cuando dañamos de manera consciente y con alevosía, entonces sabemos que no estamos listos para amar.

P.s. Tenías razón, estamos envenenados por los cuentos de hadas.
P.s.2 Chinga tu madre Disney®

viernes, septiembre 4

Fin de Temporada

La formula de todo Sitcom (en México lo más cercano son nuestras no valoradas telenovelas) es muy simple, dejar cosas inconclusas al final de cada temporada, se diseñan “escenarios distintos” a los habituales, y luego todo seguidor comenzara a suponer, a intentar adivinar que pasara, y así nos enganchamos al siguiente capítulo, del cual lo único que sabemos, es que nada volverá a ser igual.

Pero en nuestra historia, los finales de temporada son otros, eso de “escenarios distintos” no es del total agrado popular, algunos prefieren lo que hoy existe para ellos, les agrada la tranquilidad que da esa mano entre la suya, o el salario inefable los días 15 y 30. Dos cápsulas de certeza siempre serán buen somnífero.

Mientras otros más osados, aman los finales de temporada en su vida, su chamarra es su almohada y pueden dormir donde sea, siempre aventureros, prefieren los besos robados a los besos de buenas noches.

Pero, también existen “ellos”, que su capítulo favorito, ya pasó, ese capítulo donde callaron algo (lo que sea, desde algún cliché hasta una protesta), donde no hicieron algo (lo que sea también, un alto, un libro, un bebe) “ellos” que reviven a cada instante ese final de temporada que entro limpio como una estocada, y corto de tajo lo que hoy añoran.

Tal vez nos cueste algunas cicatrices, pero terminaremos por aprender. Las cosas que más duelen en la vida, no son aquellas que hacemos, si no las que dejamos de hacer.

El hubiera si existe, se llama pecado de omisión.

Por mi culpa, por mi culpa, por mi grande culpa…

(Golpes en el pecho para liberar las palabras que se quedaron atoradas, y no salieron en el tiempo justo)